miércoles, 15 de enero de 2014

Qué hubiese sido si: sobre la estanquidad de la historia y el peligro de la ucronía (psicología por y para dummies)



Normativismo: Tendencia a establecer normas. Nota: la definición original de la RAE agrega la palabra “exagerada” a tendencia. Aquí le daremos un sentido más neutral, buscándole pros y cons.
Ucronía: reconstrucción lógica, aplicada a la historia, dando por supuesto acontecimientos no sucedidos, pero que habrían podido suceder.
Iconoclasia: doctrina de los que rechazan la autoridad de maestros, normas y modelos.

                                Diciembre es un caos,  por razones que merecen otra entrada, mas no ésta. Hay cierto consenso mayoritario de la catástrofe del cierre del año. Partiendo de esa idea, cualquier crisis en ese mes se produce casi por lógica. En mi caso y el de mi entorno al menos sobran los ejemplos de traumas, rupturas (sentimentales, médicas, económicas y demás yerbas) ocurridas en o presuntamente, por el efecto diciembre. Y llega enero, repentina paz, fenómeno explicable por lógica pero inexplicable por sentido común (ojo con esto último). Es también  tiempo de revisión.
Estos hechos de autoridad cuasi científica  trajeron miles de discusiones con allegados, pero destaco una en particular, referida a cómo salir delante después de la frustración de una vacación soñada arruinada por un accidente. Mi amiga en cuestión, Genuina Belleza (GB de aquí en más), entre sus reflexiones en clave optimistas de su accidente dejó filtrar un par de pensamientos que justifican la definición que encabezan esta entrada: “Y si…”. ¿Cuántas veces queremos reescribir nuestra historia a partir de deseos, frustraciones, aciertos y desaciertos? GB  se lamentaba por momentos de lo no previsto que dio lugar a su situación actual, como algo evitable. Revisemos que hay detrás de ese lamento.
Repita alumno: San Martín cruzó los Andes con un burro muerto de hambre heroicamente a caballo hasta liberar las Provincias Unidas del Sur. ¿Ya se lo aprendió? ¿Ya lo da por cierto? ¿Ya vio la estatua del general a caballo? Bueno, San Martín cruzó los Andes en camilla, por presunta sífils o reuma. Eso es la segunda definición que da inicio al texto. Esto no es ningún ataque a la autoridad de San Martín (no huya por favor, lector nacionalista) sino una exposición de cómo existe en la educación esa  convivencia entre lo mítico y lo real, y ambas son tan importantes en el proceso de construcción (y desconstrucción) de la historia.
¿Por qué me fui hasta la cordillera para hablar de GB y su accidente turístico? Porque así como el país tiene una historia, nosotros tenemos la propia (colectiva, como amigos, como familia, como individuos, como colegas, como pareja) y cómo tal está sujeto a revisionismo histórico, iconoclasia, ucronías, normativismo, elementos interconectados que repercuten fuertemente en nuestro ánimo, en nuestro encare al siguiente paso, en nuestras futuras evaluaciones.
Tomemos entonces estos elementos y veamos cuáles son las “condiciones de uso” y “efectos adversos”. Iniciemos por el normativismo. Inevitablemente  en la vida, nuestra normalidad conformada por nuestra rutina nos da ciertas normas: me levanto a X hora, me tomo tal bondi, como solo verduras, no vuelvo con un ex, jamás negocio con terroristas, creo en X y no en Y… infinidad de frases hechas, al fin. Es muy difícil concebir una vida sin cierta normalidad (cada uno decide qué significa eso) y el normativismo genera las condiciones básicas para ello, pero el problema se origina cuando la norma se vuelve algo externo a uno, cuando uno asocia el bienestar a la norma y no a la relación que uno estableció con ella. Para poner un ejemplo simplón pero esclarecedor: si yo fumo “porque me hace sentir mejor”, el cigarrillo es parte de mi normalidad, es decir, la norma es “cigarrilo = bienestar”. Difícilmente pueda (o quiera) entonces escapar de un día para el otro a esa norma, la ruptura no ha de ser fácil. La norma, creo yo, no debe sostenerse por sí misma, sino por su relación con nuestra felicidad pensada a futuro, y nuestra vida está plagada de estas, algunas prácticamente indetectables para nuestra percepción, lo cual nos atormenta más de lo que creemos.
Esto nos lleva inevitablemente al revisionismo histórico y la iconoclasia, dos elementos no iguales pero relacionados para esta línea de reflexión.  Tomemos al fumador que ya nos sirvió de disparador, ahora habiendo decidido revisar su pasado, hallando que su rutina de nicotina se originó en algún hecho traumático anterior: pérdida de un familiar, peligro de integración social entre pares escolares, lo que sea. Esto es un gran ejercicio, pues se detecta un origen y se empieza a alterar la norma, se requiere cierta iconoclasia, cierto derrumbamiento de la autoridad de algún hecho del pasado. En nuestro ejemplo, el gesto del cigarrillo ya no se sobrepone al sentido de estar bien sino que se reinterpreta como algo que vino a tapar un temido fantasma del pasado pero que, como buen ser etéreo, no pierde su cuasi entidad al ser ignorada (la tendencia es contraria, a cobrar mayor fuerza). 
Aunque bien dije antes, en la otra esquina está el exceso: el cuestionamiento absoluto del trayecto recorrido, la fortaleza de su equilibrio presente atada a un insignificante objeto de sustancias adictivas, la culpabilidad de los actores externos que producen el trauma. Trate de sacar las piezas  de abajo del yenga, verá que pierde anodinamente frente a su adversario. Esta metáfora banal viene como Sofovich al yenga para ver que derribar ciertas cosas de su pasado puede tener consecuencias que, a esa altura del juego, no está en condiciones de afrontar (lo que no implica que más adelante sí).
Así apareció la ucronía: si no X situación, no fumaría¿qué decirle, lector? ¿Puede tener certeza de ello? Tenga cuidado, porque la especulación puede orientar como confundir, no por ello hay que abandonarla. La pregunta por el “qué hubiese sido” abre una infinidad de posibilidades que, según el ánimo que lo tiñe al momento, lo pueden convertir en lo más magnánimo o lo absolutamente paupérrimo. ¿Puede ayudarse de la ucronía? Sí, desde luego: “y pensar que si me casaba con ella, no te hubiese conocido”, “si seguía laburando en ese lugar, creo que mataba a alguien”. Use responsablemente.
Ya cerrando esta extensa reflexión, recapitulo para pensar. Nosotros, cuál nuestro país, tenemos historia y ésta se cuenta, se recuenta, se revisa, se corrige. Desde ya que los hechos en nuestra vida, los ya ocurridos, repercuten en nuestro día a día y así escribimos nuestro relato. Aparecen las herramientas antemencionadas: ucronías, iconoclasia, revisionismo histórico, normativismo, ejemplos entre muchos que funcionan como cualquier arma de doble filo, es decir, sin un uso equilibrado, difícilmente se llegue a buen puerto. La famosa frase “la historia la escriben los vencedores” encarna mucho más que una denuncia de sojuzgamiento (denuncia a no desmerecer en muchos casos). Detrás de este dicho hay una cuestión optimista, al menos llevada a nuestras historias personales (no tan así en las historias colectivas), que habla de cómo podemos reescribir nuestro relato en claves más positivas (¿cómo explicar si no los famosos casos de personas que nacen con alguna desventaja económica, física, social pero que llegan al éxito?) . Nuevamente  insisto: nuestro pasado tiene hechos pero nuestra forma de leerlo es la que decide heroizar, matizar, apabullar, condenar, y nuestra tendencia es a juzgarnos según un humor esquivo de instante, tendiendo hacia los extremos, como vil escoria o como nobleza pura. No temamos volver a atrás, a resignificar con piedad, a elevar con mayor sentido crítico, a destilar de lo aparentemente insalvable. Decía el Doctor Brown (sisí, e viejito de Volver al Futuro) que el futuro no estaba escrito, yo agrego que el pasado estará hecho, pero lo escribe uno, así que “háganse uno bueno”.

P.D: GB está muy bien, gracias por preguntar :).

2 comentarios:

  1. Asdfjaskfdajk MC sos lo mas!! No sólo me hiciste reflexionar y aprender sobre conceptos que hasta el momento desconocía sino que me sacaste una sonrisota y me hiciste quererte más de lo mucho que te quiero!! Gracias por la dedicación personal y a seguir escribiendo!! Te quiero muchisimo!

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  2. "El pasado", de Jorge Luis Borges

    Todo era fácil, nos parece ahora,
    En el plástico ayer irrevocable:
    Sócrates que apurada la cicuta,
    Discurre sobre el alma y su camino
    Mientras la muerte azul le va subiendo
    Desde los pies helados; la implacable
    Espada que retumba en la balanza;
    Roma, que impone el numeroso hexámetro
    Al obstinado mármol de esa lengua
    Que manejamos hoy despedazada;
    Los piratas de Hengist que atraviesan
    A remo el temerario Mar del Norte
    Y con las fuertes manos y el coraje
    Fundan un reino que será el Imperio;
    El rey sajón que ofrece al rey noruego
    Los siete pies de tierra y que ejecuta,
    Antes que el sol decline, la promesa
    En la batalla de hombres; los jinetes
    Del desierto, que cubren el Oriente
    Y amenazan las cúpulas de Rusia;
    Un persa que refiere la primera
    De las Mil y Una Noches y no sabe
    Que inicia un libro que los largos siglos
    De las generaciones ulteriores
    No entregarán al silencioso olvido;
    Snorri que salva en su perdida Thule,
    A la luz de crepúsculos morosos
    O en la noche propicia a la memoria,
    Las letras y los dioses de Germania;
    El joven Schopenhauer, que descubre
    El plano general del universo;
    Whitman, que en una redacción de Brooklin,
    Entre el olor a tinta y a tabaco,
    Toma y no dice a nadie la infinita
    Resolución de ser todos los hombres
    Y de escribir un libro que sea todos;
    Arredondo, que mata a Idiarte Borda
    En la mañana de Montevideo
    Y se da a la justicia declarando
    Que ha obrado solo y que no tiene cómplices;
    El soldado que muere en Normandía,
    El soldado que muere en Galilea.

    Esas cosas pudieron no haber sido.
    Casi no fueron. Las imaginamos
    En un fatal ayer inevitable.
    No hay otro tiempo que el ahora, este ápice
    Del ya será y del fue, de aquel instante
    En que la gota cae en la clepsidra.
    El ilusorio ayer es un recinto
    De figuras inmóviles de cera
    O de reminiscencias literarias
    Que el tiempo irá perdiendo en sus espejos.
    Erico el Rojo, Carlos Doce, Breno
    Y esa tarde inasible que fue tuya
    Son en su eternidad, no en la memoria.





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