Hoy entendí todo: al fin llegó a mis oídos esa frase cuyo poder
desata todos los misterios del universo, habidos y por haber. Aprendí la
simpleza del misticismo y el misticismo de la simpleza, todo por la magia de
pocas palabras que hicieron las veces de llaves trascendentales. Abrí la
ventana, enfrenté al mundo y este me pagó con una sonrisa. Hoy zarparía en
aguas tranquilas de rutina, para ver que me aventuraba en este nuevo día.
Hoy debía ser un antes y un después en mi vida: atrás estaban los
principios rectores de ayer, atrás estaban los pilares fundacionales de mí
vieja usanza. ¿Qué me deparaba para el resto de la jornada? Precisar era inútil,
ya que bien sabía que sería la felicidad pura, en forma humana y accesible. Las
piedras no entorpecerían mi paseo por el mar de concreto, sino que
decorarían la anécdota.
Hoy avanzó cautelosamente: primeros imprevistos asomaron sin
dilación. De todos modos, la honda no venció a Goliat, y pude sortear estas
pueriles trampas sin mucha contorsión. Las posteriores me tomaron por sorpresa,
pero, ya en pleno ejercicio, difícilmente iba a permitir que me detuvieran. La
tempestad se manifestó, pero aún no me doblegaba.
Hoy tomó otro giro inesperado: mi nuevo dogma de vida encontró,
justamente y de la mano de la cotidianeidad citadina, un vacío legal. No
quería detenerme, pero un forzoso freno me dio de bruces contra una dosis de
realidad. ¿Por qué el capitán del barco se hunde con su navío?
Hoy se convirtió en una pesadilla: volqué toda mi esperanza
en mi nuevo ser, para derramarla sin mucha resistencia en el gris asfalto
diario. Depresión galopante, incertidumbre absoluta, alienación en su máxima
expresión. Cometí un nuevo error y eché por la borda otra cosmovisión por ello.
Hoy debí pactar nuevamente: nunca más cometer el error, nunca más
idealizar… ese será mi nuevo horizonte. Las nuevas reflexiones resonaron en mi
mente, actuando como un exorcismo mágico de mis traicioneras elucubraciones pasadas.
Era libre de nuevo.
Mañana,
navegar será distinto, ahora que sé nueva y verdaderamente cómo funciona el
mundo. Placeres de tener 20 años…
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